Prueba: Fiat 500 Lounge 1.2, un accesorio de moda rodante muy divertido

Juan · 27 octubre, 2019
El Fiat 500 1.2 Lounge es el modelo más vendido de la firma italiana. Lo hemos probado y, pese a ciertas carencias, es un coche totalmente recomendable como primer o segundo coche o para la unidad familiar.

Recientemente, hemos tenido la oportunidad de ponernos a los mandos de uno de los urbanos del segmento A más populares, el Fiat 500. Sus ventas ocultan la realidad, y es que este pequeño accesorio de moda con ruedas es uno de los coches más veteranos en comercialización. Sin embargo, ojalá todos envejecieran tan bien.

El italiano lo disfrutamos a más no poder. Hace un par de años pude conducir un 500 durante un par de días y las sensaciones fueron buenas, por lo que no había prejuicio alguno, más bien una predisposición inmensa por echarle el guante. Tras la alegría inicial, llegaba el momento de ponerse serios e imparciales.

Nuestra unidad contaba con suculentos extras entre su equipamiento que hacían de este pequeño un ‘cochecito‘ muy deseable y llamativo. Además, bajo su carrocería late un corazón mecánico más que suficiente.

Diseño exterior del Fiat 500

Visualmente, nuestro ‘quinientos’ equipaba la pintura metalizada opcional color Bordeaux Opera, llantas bicolor de 16 pulgadas, molduras laterales y el paquete cromo, que incluye carcasas de los retrovisores cromados y molduras en ambos paragolpes en cromado. De serie llevaba llantas de 15 pulgadas.

Fiat 500 Lounge: trasera.
Trasera del Fiat 500 Lounge.

Gracias a estos elementos, el pequeño utilitario italiano gana atractivo, y es que es uno de los mejores en este aspecto en el mercado. Sus formas redondeadas, sin líneas superfluas y una carrocería de dos volúmenes destacados, son aptas para todos los públicos, aunque, en parte, es la causa por la que el habitáculo no goza con mayor espacio.

Más concretamente, nuestra unidad contaba con el techo solar fijo, el cual luce muy bien, pero en la práctica no es para nada recomendable. Mucho mejor sin él o, en su defecto, el techo corredizo. El problema radica en que es un foco de calor para las plazas delanteras y la cortinilla retráctil no frena para nada este efecto.

Interior y habitabilidad

El habitáculo del Fiat 500 sorprende por lo bien que juega con la sensación percibida. Los materiales utilizados en todo el salpicadero y puertas son plásticos duros, pero la abrazadera de la puerta tapizada y el toque de color que aporta la moldura del salpicadero hacen que parezca mejor ensamblado.

El cuadro con pantalla a color y la pantalla central lo mantienen al día tecnológicamente.

Fiat 500 Lounge: interior.
Interior del Fiat 500 Lounge.

Los ajustes son buenos, con ausencia de grillos incluso en zonas muy bacheadas y adoquinadas. Eso sí, por espacio es un coche más bien preparado para dos personas. En las plazas delanteras el espacio es sorprendentemente amplio, especialmente hacia arriba. Ni con la butaca situada en su posición más alta llegamos a rozar el techo.

No obstante, las dos plazas traseras dependen de las necesidades de los dos ocupantes frontales para tener más o menos espacio para las piernas. Además, la postura atrás es más erguida y menos natural. Por último, los 185 litros del maletero tampoco permiten muchas alegrías más allá de lo que una pareja necesita.

Motorización del Fiat 500

La unidad que tuvimos la suerte de testar montaba el motor más grande –que no más potente– disponible. Concretamente, se trata de un bloque de gasolina de 1,2 litros y 69 CV. No cuenta con turboalimentación, pero sí con cuatro cilindros, lo que es de agradecer. Además, esta motorización puede adaptarse a GLP de fábrica, aunque el nuestro no contaba con esta opción.

Los 69 CV los desarrolla a 5500 rpm, mientras que los 102 Nm de par dan su máximo a 3000 rpm.

Esta asociado a un cambio manual de cinco velocidades relativamente cortas, en especial la primera, lo que en momentos de tráfico parado puede llegar a cansar, ya que pide segunda justo antes de frenar. Hasta las 3000 rpm la rumorosidad es aceptable, pero más allá se deja notar algo más de lo deseado en el habitáculo.

A lo largo de los más de un millar de kilómetros que estuvimos a los mandos del cinquecento, el consumo medio se quedó clavado en los 5,7 l/100 km, tras ser restablecido en el momento de recoger el coche y tras haber tomado nota en el momento de dejarlo marchar. 

Matizar que, salvo momentos muy concretos durante la noche, la totalidad de la prueba se realizó con el aire acondicionado encendido casi al máximo, lo que repercute en el consumo. Suponemos que, de no haber sido así, el consumo quizás habría sido de entorno a cinco litros, décima arriba o abajo.

Fiat 500 Lounge: frontal.
Frontal del Fiat 500 Lounge.

Prueba en carretera

La prueba se realizó en la ruta Cádiz-Madrid-alrededores-Cádiz, distancia suficiente para que podamos hablar con claridad de los pros y contras del Fiat 500 y de paso, nuestras sensaciones al volante. En primer lugar, es todo un devora kilómetros, especialmente en autopista ayudado por el control de crucero.

A ritmos legales el comportamiento es aplomado, aunque su altura se hace notar cuando el viento es lateral; hay que agarrar con firmeza el volante e ir corrigiendo la dirección constantemente. Sin este problema climático, va como la seda. Las suspensiones también absorben las irregularidades con gusto; prima la comodidad frente a cualquier conducción más viva y dinámica.

Si dejamos las vías rápidas y nos metemos en carretera, la cosa cambia un poco. Según el ángulo de la curva y el peralte de esta, la cómoda dirección pasa a presentar muy poca comunicación, lo que unido al balanceo de la carrocería obliga a pensarse dos veces como afrontar los virajes.

En ciertas situaciones la pérdida de fuerza es demasiado acusada.

La perdida de fuerza en terreno ascendente llegaba, en ocasiones, a ser excesiva, lo que da la sensación de tratarse más bien de un motor tricilíndrico. Quizás se deba a que no cuenta con turboalimentación y a la cantidad de carga que se llevó en el maletero. Además, las altas temperaturas no ayudaban precisamente al motor, aunque nunca mostró fatiga.

Conclusión sobre el Fiat 500

Puede que lleve más de una década en el mercado, pero para el público objetivo –y no tanto– de este coqueto utilitario es un dato irrelevante. En el caso del Fiat 500 lo que cuenta es la imagen, personalización, comodidad de uso y su practicidad en el día a día urbano.

Si mi actual utilitario –del año 2003– no tuviese 44 000 kilómetros, me faltaría tiempo para adquirir uno.

Sobrado en cuanto a lo que reclaman los jóvenes ahora (conectividad), disponible con propulsores muy frugales y vestido con un traje por el que parece que no pasan los años, donde pierde más es en cuanto a las últimas asistencias a la conducción. Si no te importa esto último y si quieres un coche pequeño que proyecte una buena imagen sobre ti, el Fiat 500 es el tuyo.