BMW, deportividad, innovación y lujo

Con más de un siglo de historia, la firma alemana se ha posicionado en el mercado como una de las marcas premium con aires de deportividad; en el pasado a sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial y a la profunda crisis económica de los 60

La firma de origen alemán BMW, la cual cumplió los 100 años de trayectoria empresarial el pasado 2016, es una de las marcas automovilísticas más conocidas en todo el mundo, siendo además una de las más fáciles de identificar a simple vista en cualquiera de sus modelos.

Pese a que a día de hoy es imposible no asociar BMW al mundo de la automoción, en realidad la marca no comenzaría a fabricar automóviles hasta bien entrado el siglo XX. En sus inicios se dedicó a la fabricación de motores de avión, pasando posteriormente a la construcción de motocicletas.

Sin embargo, fue en 1928 cuando el rumbo de la marca cambiaría para siempre. Ese año los alemanes compraron una marca automovilística sobre la que asentarían las bases de lo que es BMW hoy en día.

En 1929 comenzaría la producción del primer vehículo propio de BMW. Bajo la licencia de un productor británico, el 3/15 PS, un pequeño utilitario de 3 puertas de precio medio, que poco tenía que envidiar a marcas más experimentadas y consolidadas enfocadas a clientela de más adinerada.

A pesar de estos inicios en la época de entre-guerras, por lo que más se conoce a BMW en la década de los años 30 es por el deportivo roadster 328, modelo que triunfaba en competición y que alcanzó la fama con sus victoria en la Mille Miglia y por sus emblemáticos ‘riñones’ BMW que abarcaban todo el frontal.

BMW 328 1936
BMW 328 1936.

Postguerra

Tras la Segunda Guerra Mundial, en la que BMW se vio involucrada por su experiencia previa en la aviación, la firma bávara volvería a la producción de coches en 1951, época que muchos catalogan como la mejor de la historia de la marca.

Lo aprendido durante la guerra les sirvió para desarrollar nuevos vehículos con una ingeniería avanzada, la cual era muy costosa, lo que lastró las ventas de la gama de aquel entonces, donde destacaba el biplaza 507.

Esta situación llevó a la marca al límite económicamente, y provocó un cambio de rumbo hacia productos más económicos y enfocados al gran público, como el 700, un pequeño sedan o el famoso Isetta.

A comienzo de los 60, Herbert Quandt llegaría a BMW con la idea de hacerla crecer económicamente, por lo que vendió suficiente parte de la marca a unos inversores y recaudar con ello el dinero necesario para llevar a cabo su plan, el cual como él presagiaba, resultó un tremendo éxito que sacó a BMW de lo que estuvo a punto de ser la quiebra de la marca germana.

BMW 507
BMW 507.

La conocida como Neue Klasse (la Nueva Clase), era una serie de berlinas asequibles de 2 y 4 puertas con motores económicos y solventes que llevaron a BMW a ser de gran éxito entre el público mayoritario, ofreciendo coches de calidad a un precio muy apetecible a una sociedad que empezada a “revivir” tras la Segunda Guerra Mundial.

Además, fue en esta etapa en la que BMW incorporó por primera vez un turbocompresor a una de sus motorizaciones, en concreto en la mecánica del 2002, creando el 2002tii, uno de los primeros coches de la firma en contar con un carácter verdaderamente deportivo, un coche que hizo escuela.

BMW 1500 Neue Klasse en el museo BMW de Münich.

La nueva BMW y ///M Motorsport

En pleno cambio generacional de la Nueva Clase, BMW tomo la decisión de realizar un movimiento que afectaría a toda su gama y que a día de hoy todavía se mantiene, siendo apenas levemente modificada desde entonces.

La inclusión de una nueva nomenclatura que unificaría el modelo en cuestión y la cilindrada del motor que montase. Esta nueva nomenclatura separaría a los 3 modelos de la gama según su posición, de pequeño a más grande, el 3, 5 y 7, para más adelante incorporarse el 6, un coupe.

El primero en utilizar esta nueva forma de clasificar la gama fue el Serie 5 con el 520 de 1972, la primera generación de la berlina del segmento E. Se trataba de un Serie 5 equipado con un motor 2.0, aunque había varias motorizaciones más disponibles.

Como detalle, BMW añadiría a sus nombres una “i” si el modelo era de inyección o una “l” si era la versión de batalla larga.

Además, esta primera generación del Serie 5 fue el pionero en ser trabajado por al división deportiva ///M Motorsport, dando lugar a un M535i que, si bien era bastante más deportivo y rápido que cualquier otro en la gama, no era todo un BMW M5 al uso, algo que llegaría en la segunda generación.

El M535i fue el primero en seguir la veda deportiva abierta anteriormente por el 2002tii, pero no sería el único. A finales de la década de los 70, BMW colaboró con Lamborghuini y Giugiaro para desarrollar el que sería su primer superdeportivo de motor central, el BMW M1.

Con este coche, del cual hubo competiciones monomarca con el M1 de carreras, se construyeron menos de 500 unidades, siendo todo un “rara avis”. Sin embargo, el dinero invertido en su desarrollo no se desperdicio y gran parte de los recursos fueron a parar en el primer BMW M5, que tenía casi 300 CV de potencia.

La marca alemana tuvo una presencia exitosa en la Fórmula 1 en esa época.

BMW M1: frontal
El frontal del BMW M1 luce fantástico tras 40 años, un gran trabajo del diseñador italiano Giugiaro.

Poco después del lanzamiento de la berlina deportiva, los alemanes se las ingeniaron para calzar un motor de gran caballaje en su modelo más pequeño, el Serie 3, dando lugar al M3 E30, el primero de una larga estirpe que cuenta con númerosos adeptos hoy en día.

Estos modelos, debido a su concepción, eran bastante radicales si se tiene en cuenta cual era la base de cada uno, pero lo más importante es que desde entonces todos los BMW se desarrollan con la vista puesta en la deportividad y el dinamismo.

Los años noventa supusieron una década de grandes novedades en la gama de BMW, con la introducción de nuevas generaciones mucho más avanzas tecnológicamente y elementos de ingeniería importantes. En 1989 se presentó el BMW Z1, un biplaza descapotable con un extraño sistema que ocultaba sus puertas en la carrocería, un chasis que podía desmontarse por completo fácilmente.

Con este modelo nació la gama Z de la firma bávara, enfocada a deportivos descapotables y coupes derivados, como el Z3 y más recientemente el Z4. A finales de la década BMW presentó el que sería uno de sus coches más vendidos, el X5, su primer todoterreno/SUV, dando comienzo a una familia que a día de hoy suma ya media decena de modelos, y creciendo.

Ya entrado en el nuevo milenio, BMW fue victima de la burbuja económica en la que se encontraba la sociedad y por ende, el automovilismo. Con un regreso a la Fórmula 1 después dos décadas, la ingeniería desarrollada en la competición fue implantada en el nuevo M5 E60, el cual montó un monstruoso V10 de 507 CV.

Algo similar ocurrió con el M3 E92, que en el 2008 perdió ese espíritu de deportivo ligero y se aburguesó bastante y equipó un pesado pero potente propulsor V8 de 420 CV.

Llegó el ecologismo

Con la llegada de la nueva década, BMW se presentaba ante un panorama en el que la contaminación mundial era considerable y las restricciones y multas a los fabricantes más contaminantes serían cada día más reales. Por ello, decidió innovar, tirar la casa por la ventana y crear una submarca ecológica, BMW i.

Se compone de dos modelos híbridos, un utilitario –i3– y el deportivo i8, ambos con motores de 3 cilindros apoyados con motores eléctricos que en el caso del modelo más grande, suman más de 300 CV. Por si fuera poco, los interiores de estos coches están realizados con materiales reciclados y el chasis en fibra de carbono.

BMW i8 y i3
BMW i8 e i3 durante su presentación.

Desde sus inicios, BMW ha sido considerada como un sinónimo de fiabilidad, adaptación a la época y alta tecnología de competición. Es por todo ello, junto con su clara vocación de marca premium, que el fabricante Alemán es de los que goza con mayor crédito y prestigio en el mundo de la automoción.

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