Ford RS 200 Grupo B

· 27 agosto, 2018
Ford tuvo que cumplir con un requisito básico del Grupo B de rallyes, para lograr la homologación y poder participar de estas competencias, las compañías automotrices debían cumplir con un requisito irrenunciable: producir al menos 200 unidades al año para su comercialización entre el público

Se trata de un clásico, hasta cierto punto desconocido. Así es el Ford RS 200, un deportivo que la división europea de la automotriz estadounidense fabricó entre 1984 y 1986. La misión de este coche era competir en la ‘súper categoría’ de los rallyes: el Grupo B.

Tiempos gloriosos

Muchos consideran que los cuatro años de competiciones del Grupo B, representan la época de oro de los rallyes. Máquinas casi irreales formaban parte de esta categoría durante esos años.

En ese período nacieron verdaderas leyendas, como el Audi Quattro, los Lancia 037 y Delta S4, así como el Peugeot 205 Turbo 16, entre otros. Eran coches pequeños, con tracción integral, motores realmente potentes y, sobre todo, muy ligeros.

Ford RS 200 de calle.

Sin embargo, esta gama de vehículos fue dejada de producir en 1986, después de una serie de accidentes mortales. Los vehículos resultaron ser máquinas poderosas e indomables; ni los más experimentados pilotos parecían capaces de tener control absoluto sobre ellas.

El fin del Grupo B supuso una muerte prematura para el RS 200. Entre 1987 y 1992 se produjeron 24 unidades adicionales denominadas RS 200 Evolution. Se trataba de modelos cuyo destino eran los circuitos de rallycross y que resultaron todavía más poderosas que las originales.

Ford RS 200: diseño exterior

Inspirado en todos los ámbitos por el Audi Quattro y el Peugeot 205 Rurbo 16, la apuesta de Ford para el Grupo B tomó rasgos de la línea exterior de otro modelo de la casa, el Sierra. Diseñados ambos en Europa, enfrentaron su etapa de desarrollo y producción en los tempranos 80.

Por todo ello y valiéndose de un espíritu absolutamente pragmático, los responsables del coche de rallyes tomaron prestados elementos desarrollados para el turismo. La luna delantera y la distribución de los faros traseros son dos claros ejemplos.

Por dentro

El Ford RS 200 fue un vehículo diseñado para competir. Las versiones ‘comerciales’, aquellas 200 unidades que debían ponerse a la venta en los concesionarios para poder cumplir con las normas de la FIA, ofrecían poco más.

En su interior, dos plazas sin mucho espacio por habitar y apenas un reproductor de audio como elemento adicional. Y además sin maletero, ya que su lugar habitual estaría ocupado por un enorme motor central.

Interior del Ford RS 200.

Mecánica y motores

Para impulsar un coche de apenas 1 050 Kg, se contaba con un motor central de cuatro cilindros en línea de 16 válvulas. Una máquina capaz de desarrollar 450 Caballos de Fuerza a 8 000 revoluciones por minuto.

El modelo para el público que se comercializó de serie era un poco menos pretencioso; la potencia que se ofrecía en el mercado era de 250 CV. En todos los casos, una caja de cambios manual de cinco velocidades.

La tracción integral distribuía la fuerza 30% entre los ejes delanteros, 70% para los traseros. Los pilotos de rallyes disponían además de la opción de distribuir equitativamente el trabajo entre las cuatro ruedas.

Todo lo anterior acompañado por una suspensión de ocho amortiguadores independientes, distribuidos en cuatro pares. Gracias a esto, el coche se desplazaba a grandes velocidades por tierra o sobre asfalto y apenas si se notaban diferencias.

Ford RS 200 Evolution

Esta especie de edición especial, de la cual solo se fabricaron 24 unidades, era todavía más potente. Los parámetros que ofrecía su motor siguen siendo hoy la envidia de más de un modelo deportivo moderno: entre 550 y 800 CV. Pasar de 0 a 100 Km/h solo le llevaba dos segundos.

Precio

En 1986, el Ford RS 200 competía con otros modelos del Grupo B, también entre las preferencias del público. En la práctica y comparativamente hablando, el RS no siempre salía bien parado frente a la competencia.

En Francia, los pocos concesionarios que lo ofrecían fijaron su precio en 650 000 francos. Dos de sus rivales más duros en las carreras, el Lacia S4 y el Audi Quattro (versión cupé) se vendían en 450 000 y 324 500 francos, respectivamente.

Si analizamos precios de otros modelos carismáticos, incluso uno de los deportivos más emblemáticos de todos los tiempos, el Porsche 911 Turbo, tenía un valor de 548 000 francos.

La historia que no fue

La muerte del Grupo B, solo permitió al Ford RS 200 tomar parte de cuatro carreras en 1986. Sus resultados terminaron siendo un poco discretos, toda vez que su mejor posición fue un tercer puesto.