Smart Crossblade, un pequeño prototipo apto para la calle

Juan · 27 diciembre, 2018
Smart ha fabricado algunos de los vehículos más curisosos de la historia, el Smart Crossblade no es una excepción: con solo echarle un vistazo a la ausencia de parabrisas y puertas queda bien claro que no estamos ante un coche convencional.

Corría el año 2002, y el Smart City Coupé apenas llevaba 3 años en el mercado. El nuevo urbanita producido por Daimler era todo un éxito, así que llegó el momento de las locuras. Junto con el restyling del modelo y su cambio de nombre a Fortwo, se presentaba el Smart Crossblade, el utilitario más espectacular de la historia.

Un año antes, en el año 2001, el Crossblade hacía acto de presencia aún como prototipo, y afortunadamente este no cambió ni un ápice. Algo parecido al Smart Crossblade podemos encontrarlo en el prototipo más reciente de la marca, el Smart Forease.

Smart Crossblade: tan abierto como una moto

Basado en el Smart Fortwo Cabrio, el Crossblade mantiene la característica célula de seguridad, aquí pintada en aluminio. El resto de paneles de su carrocería de plástico cambiaban, a excepción del maletero y capó. Contaba con nuevos parachoques, más agresivos y sin pintar, y un gruesa talonera.

Smart Crossblade: puertas

Al mismo tiempo, las aletas incorporaban una suerte de guardabarros flotantes. Con esta solución se dejaba parte de la rueda al descubierto, manteniendo así el estilo mostrado por el prototipo original. En cuanto a la paleta de colores, solo estuvo disponible en negro, mientras que las llantas de 16 pulgadas son la única opción disponible.

Sin embargo, lo más destacado era el hecho de que carecía de parabrisas y puertas. En su lugar contaba con un pequeño derivabrisas y dos barras de seguridad de apertura vertical a modo de puerta. Esto hace que su conducción sin gafas o casco sea cuanto menos no recomendable.

Interior del Smart Crossblade

Su habitáculo se encontraba al aire libre, sin protección alguna para los amigos de lo ajeno. Tampoco presentaba protección física ante las inclemencias del tiempo, un aspecto negativo para el que Smart presentó varias soluciones.

  • Todos los materiales –plásticos y textiles– de asientos, salpicadero, así como los aparatos eléctricos, son resistentes al agua.
  • En caso de aparcar en la calle, se podía utilizar una lona a medida para cubrir el habitáculo.
  • Orificios de evacuación de agua.
  • Alfombras de goma en vez de tela.

Descontando el hecho de que el habitáculo está al descubierto, el mismo era exactamente igual que lo visto en el resto de la gama. Espacio justo para dos ocupantes, y una peculiar disposición de los mandos, con una consola central en la que solo había hueco para la palanca de cambios y el contacto.

Smart Crossblade: interior

Entre su escaso equipamiento destacaba la radio-CD, el aire acondicionado y el doble airbag.

Corazón Brabus

Como todos los Smart, el motor se sitúa bajo el maletero. Nos encontramos con la motorización más potente de la que dispuso la primera generación del Fortwo. Firmado por Brabus, preparador de Mercedes y Smart, cuenta con un bloque tricilíndrico de apenas 599 cm³ fabricado íntegramente en aleación de aluminio.

Ofrece una potencia total de 71 CV y un par motor de 100 Nm, más que de sobra para mover un coche cuyo peso supera tímidamente los 800 kg. Sin embargo, sus prestaciones no permiten muchas aventuras fuera de la ciudad. Con una velocidad máxima de 135 km/h mejor no salir de la ciudad muy a menudo.

Manteniendo el esquema del resto de la gama, la potencia se transmite a las ruedas traseras. Por su parte, la transmisión es un cambio automático pilotado, de seis velocidades en este caso. Es de los pocos coches del mercado con configuración ‘todo atrás’, motor y tracción, al igual que el incombustible Porsche 911.

Smart Crossblade: trasera

Sus llanta de 16 pulgadas se presentan grandes para un coche así, pero más aún son los neumáticos. Con medidas 195/40 delante y 215/35 detrás, son más grandes que los de muchos utilitarios y algunos compactos.

Tan exclusivo como valorado

Cuando llegó al mercado en año 2002, el Smart Crossblade costaba la friolera de 25 830 euros. Un precio completamente desorbitado cuya una defensa era el carácter exclusivo del coche: 2000 unidades. A pesar de ello, los precios nunca fueron en aumento, sino que fue victima de la depreciación, como cualquier otro coche.

El descenso de precio fue visible, pero no exagerado. A día de hoy, las pocas unidades que salen a la venta lo hacen casi al precio de venta original. Una búsqueda rápida al tiempo de escribir este artículo nos deja con una unidad en venta en nuestro país, a un precio de casi 20 000 euros y solo 2 800 kilómetros en su odómetro.