Rolls-Royce Black Badge

Este modelo representa la nueva estrategia de la firma de lujo en busca de un público más joven, los diseñadores de Rolls-Royce son conscientes de que para sobrevivir en un mercado tan competitivo la renovación y adaptación a los tiempos es muy necesaria

Lujo, exclusividad, poder. Son algunos de los adjetivos que han acompañado desde siempre a la centenaria automotriz británica, hoy propiedad de BMW. Sus coches son lo mejor de los mejor, pero no hay límites y siempre se puede ofrecer algo más. Prueba de ello es la línea Rolls-Royce Black Badge.

Como si no fuese suficiente todo lo que ofrece un modelo estándar con el emblema del Espíritu del Éxtasis al frente, bajo estas ediciones especiales la marca ha conseguido lo que parecía imposible. Hacer todavía más grande lo que ya era gigantesco.

Ghost, Wraith y Dawn: las almas oscurecidas

Estos son los tres modelos comercializados bajo el paraguas Rolls-Royce Black Badge. Una berlina, un coupé y un descapotable. Cada uno de ellos, los más lujosos de sus segmentos.

En los tres casos, destaca a primera vista la tonalidad oscura que han adquirido todas sus líneas. No solo la carrocería, también el logotipo con la doble R, así como la Flying Lady;  según han dicho sus creadores, en esta nueva tendencia luce como una vampiresa negra.

Prácticamente todas las superficies cromadas fueron oscurecidas, dando como resultado un volumen casi completamente negro. Salvo por las llantas, todo parece ser oscuro: los bordes superiores de las puertas (que siguen siendo de apertura suicida), la parrilla frontal y los juegos de luces.

Desde Rolls-Royce siguen orgullosos, destacando el trabajo artesanal que permite obtener un resultado sin parangón. Para que cada uno de los Black Badge luzca el negro imponente de sus carrocería, se aplican 22 capas de pintura y laca. Cada una de ellas pulidas a mano de manera individual

Rolls-Royce Black Badge: también oscuros por dentro

Las tonalidades pasteles que suelen adornar los habitáculos Rolls-Royce han quedado de lado. Combinaciones oscuras, con el azul o el violeta haciendo dupla con el negro, dominan el diseño interior de esta serie.

Interior del Rolls Royce Black Badge.

Como no podía ser de otra forma, esto no es más que el principio. La gama Black Badge lleva a un nuevo nivel el programa Bespoke; con esto, las posibilidades de personalización en lo interno, valiéndose para ello de materiales aeroespaciales de máximo lujo, son prácticamente ilimitadas.

Mecánica

Las versiones básicas de cada uno de estos tres modelos ya son bastante potentes. Los Rolls-Royce Black Badge lo son aún más. A manera de ejemplo, el motor del Ghost, el tradicional bloque a gasolina 6.6 12V, suma 40 Caballos de Fuerza adicionales, para alcanzar los 603 CV.

Con esta punta de velocidad, la edición mejorada de este Rolls-Royce  bate su propio récord para erigirse como la berlina más potente del mercado. Así mismo, el par ha aumentado en 60 Nm, ascendiendo hasta 840 y la caja automática de ocho velocidades brinda respuestas mucho más rápidas.

Las máquinas más potentes también dan lugar a sistemas de frenos mejorados. Los tres Black Badge equipan discos delanteros de mayor diámetro,  más suaves y eficientes. De igual forma, las mejoras en cuanto a dirección y suspensión disminuyen sensiblemente los saltos y vibraciones que perciben los pasajeros a bordo.

Rolls Royce Black Badge.

Precio

Quienes tienen entre su lista de bienes un Rolls-Royce, no se preocupan demasiado por su precio. La indagación sobre el valor en el mercado que tienen estos coches, es la primera señal de que una persona no califica para adquirir uno de ellos.

De cualquier forma ninguno de estos tres modelos, en sus versiones más discretas, está por debajo de los 300.000 €. Un lujo no apto para la mayoría de los presupuestos.

Más joven, pero un Rolls-Royce a fin de cuentas

Al día de hoy, nadie parece discutir al respecto. No hay coches más lujosos que aquellos que portan el Éxtasis de la Libertad al frente. Si bien los Rolls-Royce Black Badge ostentan un aire más deportivo y juvenil, la marca no renuncia ni un ápice a su filosofía de vida.

Además, no se trata de una estrategia por competir dentro de un nuevo segmento. El target sigue siendo el mismo: los usuarios de mayor poder adquisitivo, la realeza y la aristocracia.

Da la impresión de que estos nuevos modelos son más bien un intento por hacerse fuertes dentro de un sub grupo: el de los herederos. Una nueva generación que en definitiva, más tarde o más temprano firmará todos los cheques.

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