Ford Mustang Shelby GT500 2020: el pony car, más potente que nunca

Enrique Canivell · 17 enero, 2019
El Ford Mustang Shelby GT500 presenta una estética rompedora y un motor que le permite alcanzar prestaciones propias de un superdeportivo

Que a los americanos les gusta todo a lo grande no es nada nuevo. Pero que el Ford Mustang Shelby GT500 2020 se acerque cada vez más a las prestaciones de superdeportivos es cuanto menos notorio. Parece que para el pony car todo el empuje del mundo nunca es suficiente, y es que esta versión ostenta el récord del Ford más potente de producción hasta el momento.

Por su puesto, no solo la potencia y el ruido llaman la atención en este deportivo de cuatro plazas que desde hace tiempo se ha convertido en un histórico del automovilismo. Su estética siempre impone, pero en este caso es demoledora.

Diseño agresivo y aerodinámico

Como íbamos diciendo, Ford Performance se ha puesto las pilas con este Ford Mustang Shelby GT500 2020. Su diseño no se reduce a meros elementos estéticos, sino que más bien son funcionales tanto a nivel de refrigeración como de aerodinámica.

En el frontal, se observa una amplia rejilla con una doble apertura superior e inferior –calandra y paragolpes– que parece que fuera de una sola pieza, y es que apenas presenta una pequeña y discreta pieza de separación. En el capó también se observa una joroba con una gran entrada de aire que se ven integrada en las franjas negras que recorren todo el coche, de delante hacia atrás.

Gracias a la enorme rejilla y al respiradero, consigue un 50 % más de flujo de aire que el Shelby GT350 en el sistema refrigeración, necesario para disipar el calor de un V8 sobrealimentado a altísima presión.

Ford Mustang Shelby GT500 2020: trasera
Trasera del Ford Mustang Shelby GT500 2020.

Además, las aletas delanteras son más anchas para dar cabida a unas llantas de aluminio de 20 x 11 pulgadas revestidas por los anchísimos neumáticos de ultra-altas prestaciones Michelin Pilot Sport 4S. Así se asegura la motricidad de este potente bólido de tracción trasera.

Con el paquete Carbon Fiber Track, las llantas son de fibra de carbono y media pulgada más anchas, y ya van revestidas de los semislicks Michelin Pilot Sport Cup 2. Además, se incluye el alerón de pista en fibra de carbono del GT4 –que es ajustable– y un splitter aerodinámico. Para ahorrar peso se suprime la fila de asientos traseros.

Si nos fijamos en el lateral, observamos una talonera negra que sobresale hacia fuera, lo que refuerza aún más la imagen radical de este muscle car. En la zaga nos topamos con un difusor que recoge cuatro salidas de escape que ya sugieren de lo que es capaz el GT500.

Ford Mustang Shelby GT500 2020: frenos Brembo
Los frenos Brembo de seis pistones con discos de 420 milímetros del Ford Mustang Shelby GT500 2020 ayudan a detener su gran caballaje y un peso considerable.

Se podría decir que el conjunto de todos estos elementos estéticos y aerodinámicos harían parecer ‘soso’ a un Ford Mustang estándar, lo que está bastante alejado de la realidad… pero es que este Shelby quita el hipo a cualquiera que lo tenga delante.

Interior del Ford Mustang Shelby GT500 2020

Con una estética exterior tan imponente, era de esperar que el interior no podía desmerecer. Entre otros elementos, en este Ford Mustang Shelby GT500 se incluye un volante de diseño deportivo, achatado por abajo y con una marca que señala el centro del aro.

Pero sin duda lo que más destaca son los asientos Recaro con la cobra de Shelby por debajo del reposacabezas, donde también están los conductos para pasar los arneses de seguridad. Estos asientos garantizan una sujeción lateral a la altura gracias a los pétalos exteriores que recogen el cuerpo entero.

Ford Mustang Shelby GT500 2020: interior
Interior del Ford Mustang Shelby GT500 2020.

El panel de la instrumentación lleva fibra de carbono y los paneles de las puertas llevan inserciones tapizadas en ante.

Motor y prestaciones de superdeportivo

De esto va sobrado el Ford Mustang Shelby GT500 2020. Su propulsor lleva un compresor volumétrico, movido por la correa del motor, y no por los gases de escape como hace un turbocompresor. Lo bueno es que con este tipo de sobrealimentación no hay nada de retraso o lag, sino una respuesta inmediata y telepática al pedal del acelerador. Viene muy bien para tener mejor control de la zaga.

El sonido a ‘maullido’ del compresor volumétrico al acelerar, creednos, es ‘adictivo’.

Gracias a este compresor –que integra un intercambiador aire-agua–  también se eleva la potencia de este V8 de 5,2 litros a nada menos que 700 CV, con lo que acelera de 0 a 100 km/h en solo tres segundos y completa el cuarto de milla en 11 segundos, marcas propias de superdeportivos que son inasumibles para la mayoría de los mortales (y que tampoco tienen cuatro plazas).

Las camisas de los cilindros están aligeradas, y el bloque y las culatas son de aluminio para bajar peso, mientras que las bielas son forjadas y los sistemas de lubribación y refrigeración han sido mejorados.

Quizás un punto criticable por los más puristas sea que no se pueda adquirir con una caja de cambios manual. El motor va asociado una rápida y eficaz transmisión automática de doble embrague y 7 velocidades, con cuatro modos de conducción: normal, invierno, drag y deportivo. Estos también modifican el funcionamiento de una suspensión activa –con muelles más ligeros– que dota al pony car del mayor agarre lateral hasta la fecha.

Por desgracia, no está previsto que el Ford Mustang Shelby GT500 llegue al mercado europeo, aunque siempre se podría importar.