BMW Z1, el rodaster más singular de todos los tiempos

Juan · 19 mayo, 2018
De este espectacular deportivo biplaza solo se fabricaron 8 000 unidades; fue el intento de resucitar al BMW 507 de los años 50

En los años 80 BMW comenzaba a florecer como fabricante de deportivos o, al menos, de coches de gran carácter dinámico. Fue en esta década cuando comenzaron a ofrecerse los primeros BMW M de diferentes modelos, pero faltaba un deportivo pequeño y juguetón que rivalizase con el rey del segmento (Porsche), lo que resultaría en el BMW Z1.

El BMW Z1 puede considerarse como el primer intento serio por parte del fabricante alemán de resucitar el legado del BMW 507 de los años cincuenta. Este papel terminaría recayendo años más tarde en el BMW Z8, una reinterpretación moderna del 507 que no escondía cual fue su inspiración.

La primera vez que se supo del Z1 fue en 1985, fruto de la información extraída del desarrollo del BMW M3 E30, el primero de la saga BMW M. La producción del nuevo descapotable de la marca no comenzaría hasta 1988, y desde el primer momento demostró que sería un clásico con todas las de la ley.

El BMW Z1, al detalle

Si se habla del BMW Z1 es imposible no empezar por las puertas. Ni rastro de apertura convencional ni alas de gaviota. En su lugar BMW sorprendió a todos con un innovador sistema de puertas automáticas que se escondían en la propia carrocería: se podía conducir con las puertas bajadas.

BMW Z1: chasis
Chasis del BMW Z1.

También marcó tendencia con su carrocería. Todos los paneles se fabricaron en materiales plásticos, aunque esto limitó el abanico de colores disponible a cuatro. En contraposición, todos y cada uno de los paneles a excepción de los faros eran intercambiables.

Según la marca, en aproximadamente una hora es posible cambiar todos los paneles de la carrocería con solo un destornillador y algo de cuidado. En cuanto a sus cotas, era bastante compacto, con 3 921 mm de largo, 1 690 mm de ancho y una irrisoria altura de 1 277 mm.

En total se fabricarían 8 000 unidades, de las cuales 6 500 se quedaron en territorio alemán. Debido a sus puertas se prohibió su venta en EE.UU.

A nivel de interior, el Z1 no es tan distintivo como en el exterior. En este aspecto lucía muy similar al BMW Serie 3, con el que compartía la mayor parte de los componente. Sin embargo, el contar con piezas compartidas con otros modelos de la marca no era problema, como sí lo era el espacio.

El espacio interior está muy condicionado por el intrínseco sistema de apertura de puertas. Una vez se baja la puerta, esta se esconde en el marco inferior, el cual es mayor que de costumbre y reduce las cotas laterales de los asientos. Esto también dificulta la acción de entrada y salida.

BMW Z1: trasera
Trasera del BMW Z1.

Bajo el capó tampoco se quedaba corto. Montaba un seis cilindros en línea de 2,5 litros, 170 CV y 222 Nm de par máximo, una mecánica puramente BMW y que tan buena reputación ganó con los años. Este nivel de prestaciones se sumaba a una escueta masa de 1 250 kilos: lograba alcanzar los 220 km/h.

Asociado a este motor estaba una transmisión manual de cinco velocidades de recorridos cortos y precisos, al igual que la dirección. La dirección destacaba por su ligereza a bajas velocidades y por su precisión una vez aumentaba el ritmo.

BMW Z1 Art Car

El peculiar estilo del BMW Z1 le valió para ser el duodécimo de la saga de los BMW Art Car. Estos coches eran únicos, decorados por un artista de renombre al que la marca le daba carta blanca para decorar cada coche con su propia identidad artística. En el caso del Z1 el trabajo corrió a cargo de A. R. Penck.

BMW Z1 Art Car
BMW Z1 Art Car.

Inspirado por trabajos de artistas como Picasso, sobre una base rojo brillante destacaban una serie de figuras en negro que escondían un código cifrado de símbolos que solo conocía Penck. “Una oda a la ingeniería y a la tecnología moderna”, comentaba su autor cuando vio la luz. Quien sabe, pero el resultado es irrepetible.

El gran olvidado

La gran popularidad que ha alcanzado el BMW Z1 ha eclipsado al que quizás hubiese sido la versión más interesante del roadster alemán, que se quedó en la fase de prototipo. Este era el BMW Z1 Coupé Prototype, que se presentaba con una carrocería shooting brake y aspecto aventurero.

En cierto modo, fue un avance de lo que terminaría siendo el BMW Z3 Coupé años más tarde, aunque el prototipo ahora sería calificado de SUV. Hubiese sido el germen de una amplia gama de deportivos compactos con la que BMW soñaba, pero todo quedo en eso, en un sueño.