Gas licuado de petróleo (GLP): combustible alternativo

· 21 febrero, 2018
Este carburante trae consigo claras ventajas en cuanto a precio de repostaje y en lo relativo a las emisiones, lo que le favorece cara a la circulación por núcleos urbanos de grandes ciudades, donde el tráfico es intenso y, por tanto, la contaminación es un grave problema que las instituciones tratan de resolver con restricciones a los usuarios

El esfuerzo de algunas marcas por incorporar a sus filas modelos que funcionen con este combustible no ha conseguido que el gas licuado de petróleo (GLP) deje de ser un desconocido para la mayoría de la población. Y eso que actualmente es la alternativa mejor adaptada para sustituir a corto plazo a los combustibles tradicionales.

España es uno de los países donde más está costando imponer esta opción. En Europa ya son más de 15 millones de usuarios los que lo disfrutan en sus coches y ahorran en cada recorrido; Italia es uno de los países más concienciados en este aspecto. Prueba de ello es Fiat, la única marca que ofrece en casi todos sus modelos la opción de equiparlos con GLP.

Adaptación al gas licuado de petróleo (GLP)

Si tienes un coche de gasolina, y te arrepientes de no haber optado por la opción movida con GLP, existe la posibilidad de instalar a posteriori el sistema de alimentación a gas. La operación cuesta alrededor de 1 800 euros y solo se puede realizar en talleres autorizados.

Gas licuado de petróleo: precio

Hoy día la instalación no suele conllevar pérdida de volumen de maletero, ya que el depósito iría adaptado en el hueco de la rueda de repuesto (la que sí perderíamos), con un total de unos 35 litros de capacidad. Además, este cuenta con todas las medidas que, en teoría, garantizan nuestra seguridad.

Con él, contaríamos con una autonomía combinada de los dos depósitos, sin que el conductor sepa con cual está funcionando su motor y con una transición automática de combustible totalmente inapreciable.

Pero no terminan ahí las ventajas, porque que el gas licuado de petróleo (GLP) es un combustible mucho más limpio que la gasolina, no requiere más que un mantenimiento de timbrado cada 10 años y, al ser un 40% menos contaminante, puede circular por las ciudades cuando se imponen los límites de circulación por contaminación.

Rentabilidad

Los vehículos nuevos que cuentan con GLP son ligeramente más costosos que sus hermanos de gasolina. Por ejemplo, un modelo que funciona a gas como el Seat Ibiza 1.0 TGI de 90 CV y acabado Style vale 18 800 €, mientras que el 1.0 TSI con 95 CV y el mismo acabado en gasolina sale por 16 940 €.

Esa diferencia de precio de 1 860 € se ve anulada gracias a las ayudas del Gobierno por la compra de un vehículo que funcione con gas licuado de petróleo (GLP) de hasta 2 000 €, por lo que el coste de compra tampoco es un inconveniente.

SEAT Ibiza TGI: precio

Es cierto que el coche con GLP consume un poco más de combustible que un gasolina, pero el precio del gas está entre los 0,50-0,60 €/litro. El ahorro total ronda el 40% en cada repostaje.

En los últimos años se han multiplicado las estaciones de servicio que ofrecen GLP, y en la actualidad ya superan las 500 gasolineras, por lo que no es difícil encontrar sitios para recargar. Pero recuerda que, en caso de no encontrar en un momento puntual, el coche podrá seguir funcionando con gasolina, no como le ocurre a los modelos 100% eléctricos.

Conclusión

La compra de un vehículo impulsado por gas licuado de petróleo (GLP) es realmente rentable a nivel económico. En vehículos nuevos solo está disponible con motorizaciones medias y bajas, las cuales engloban las necesidades de la mayoría de clientes, pero aún faltan muchas marcas que no cuentan con ningún representante en sus filas.

Además, su fiabilidad está más que contrastada a pesar de su juventud, ya que se trata de una tecnología muy sencilla que se acopla a cualquier mecánica de gasolina sin problemas ni inconvenientes. En motorizaciones diésel es técnicamente imposible por las características de estas propulsores.

Una vez más, nuestro mercado es demasiado resistente a los cambios, incluso cuando hemos comprobado el éxito en otros países europeos. Reduce en un 95% las emisiones de NOx (óxidos de nitrógeno) respecto a un vehículo impulsado por diésel, por lo que su compra nos beneficia a todos.