Los coches de la saga Fast and Furious

· 5 noviembre, 2018
La saga Fast and Furious engloba vehículos de carácter clásico y deportivo que serían una auténtica delicia para cualquier apasionado del motor; descubre esta extensa colección

Si hay una película que nos hace pensar en coches, es rápido y furioso. A lo largo de la saga nos muestra increíbles secuencias de acción y velocidad acompañada de increíbles bólidos. Gracias a ello, hoy traemos los coches de la saga Fast and Furious.

Desde deportivos hasta superdeportivos, los vehículos de esta saga son dignos de admiración y deseo; encontramos muscles americanos, maravillas japonesas, coches exóticos europeos y una que otra rareza que nos asombrará.

Coches de la saga Fast and Furious

Mitsubishi Eclipse GSX 95

Es el primer coche que vemos conducir a Brian O’Conner, uno de los protagonistas de la Saga de carreras. Este japonés de 1995 tuvo su escena de fama en la primera carrera callejera de Brian, pero fue destruido poco después por los antagonistas del filme.

Mitsubishi Eclipse GSX 95.

De serie, este modelo monta un motor de 16 válvulas de 2 Litros DPHC que alcanza una potencia de 210 caballos. Y en la película se menciona que equipa un Turbo T4, un controlador de inyección de combustible e inyección de nitro.

Quizá, hoy en día, no nos parezca un coche muy atractivo, pero en su época y cuando la película fue estrenada, su modificación tuning le agregaba un enganche a la vista de este japonés.

Dodge Charger 1970

A lo largo de la primera película se puede ver este coche guardado en el garaje y de Dominic; que se dice tiene 900 caballos de fuerza gracias a las modificaciones. Se le ve en acción al final del filme, en una última carrera con Brian, persiguiendo a la banda de Johnny Tran y huyendo de la policía.

En la escena final, choca contra una camioneta y sale volando en el aire. Este modelo reaparece en la cuarta y quinta entrega de la saga para sacar a Toretto de prisión.

De serie, contó con tres carburadores de dos cilindros y una potencia de 390 CV, era una de las configuraciones más exóticas desde los motores Max Wedge de ramificación cruzada de principios de los años sesenta.

Chevrolet Yenko Camaro 1969

Los coches de este modelo que se usaron en el filme eran unas replicas, debido a que los originales eran preparados en el concesionario Yenko Chevrolet. Este es uno de los coches de la saga Fast and Furious tuvo su protagonismo en la segunda película.

En 1969, la concesionaria trabajó con Chevrolet para tener los motores L72 instalados en la línea de ensamblaje de la fábrica utilizando una Orden de Producción de la Oficina Corporativa.

El equipamiento incluyó frenos de disco de potencia, deflectores, capucha de inducción, una parte trasera ‘Positraction’ 4.10 con engranajes tratados térmicamente para mayor resistencia, una barra estabilizadora delantera más grande y un radiador de 4 núcleos para servicio pesado.

Flip Car o Coche Rampa

Es uno de los coches de la saga Fast and Furious más peculiares usado por el villano, Owen Shaw, en la sexta entrega. Es un deportivo personalizado que el antagonista usa para volcar a sus oponentes, su diseño está basado en un bólido de F1 reforzado para que su peso sea 1 769 Kg, que le brinda más resistencia.

El Flip Car usó un motor LS3 de 480 caballos de fuerza. Se fabricó por obra del constructor Dennis McCarthy, y cuenta con un marco de tubo personalizado y la rampa frontal, dirección en las cuatro ruedas y un sistema de transmisión en ‘V’, la suspensión utiliza partes de un Chevrolet Suburban.

Quizá es no es un coche llamativo y súper estético como muchos de los otros coches en la saga, pero le ha brindado acción a la película y ha destruido algunos de los coches de los protagonistas. Este es uno de los bólidos más originales de la franquicia de películas de carreras.

Ford Mustang 1967

En las últimas escenas de Fast and Furious: Tokyo Drift, el protagonista, Sean Boswell maneja un Ford Mustang que pertenecía a su padre en una competencia contra el antagonista Takashi ‘D.K’ y su Nissan 350Z.

Ford Mustang 1967.

Este bólido necesitaba un nuevo motor y la mejor opción fue un motor 2.6 litros, twin-turbo de seis cilindros del Nissan Skyline GT-R. Aunque, todo lo que se necesite hace para que este motor sea la mejor opción en el capó del pony no es tan importante para la trama, este coche fue el último protagonista en la tercera entrega de Fast and Furious.