Las dos caras de la ambición de Michael Schumacher

Francisco María García · 13 enero, 2019
El piloto más laureado de la categoría reina del automovilismo sufrió un grave accidente esquiando y, a partir de entonces, poco se sabe del estado de Michael Schumacher

La realidad frecuentemente se encarga de recordar a los hombres que son mortales. Eso quedó claro aquel día fatal para Michael Schumacher, y es que hizo ver al mundo que los superhéroes son personajes de televisión o de cuentos. En un segundo, los poderes extraordinarios se esfumaron… ¿Y qué quedó? Lo más humano del hombre.

Quizás fue una mala broma del destino. El siete veces campeón de la Fórmula 1 se pierde en la incertidumbre de un pronóstico reservado. El gran Schumacher ya no se ve tan grande, y su futuro es incierto.

29 de diciembre de 2013: día negro para Schumacher

Es extraño el azar. El piloto que desafiaba todos los riesgos a más de 300 km/h  casi pierde la vida esquiando. He aquí la paradoja: cuando disfrutaba de vacaciones en los Alpes franceses, sufrió una trágica caída.

Su cabeza golpeó contra una roca y el traumatismo lo afectó profundamente. ¿Bajó la guardia? ¿Creyó que su dominio del volante le hacía invulnerable para siempre? Nadie lo sabe. Lo que el mundo supo es que el gran Michael Schumacher luchaba por sobrevivir.

Las dos caras de una vida

Admiración y compasión, respeto y rechazo, triunfo y caída, definen la vida dual del campeón. Como suele suceder con quienes destacan en alguna actividad, Schumacher generó amores y odios.

Independientemente de valoraciones personales, no se puede negar que la presencia de Schumacher fue un antes y un después en el escenario automovilístico; sus marcas, probablemente, no serán alcanzadas jamás.

Fórmula 1: Ferrari F1-2000 de Michael Schumacher

Pero la vida del campeón tuvo también una cara oscura mucho antes de su accidente. Obsesionado por ganar, fue incapaz de aceptar la derrota en varias ocasiones. Hubo varios incidentes que mostraron un Schumacher protagonista de una lista negra de acciones cuanto menos cuestionables.

Entre sus ‘trucos más conocidos’, maniobras sin ética con el solo objetivo de reducir al rival provocaron sanciones y exclusiones de algunos acontecimientos internacionales. Fue el piloto más exitoso, pero también el más sancionado de la Fórmula 1.

Un poco de historia

La Fórmula 1 moderna se consolidó en la década de los 90 y Schumacher fue el puntal sobre el que la competición se sustentó. El campeón supo servir a la transición tras míticos campeones como Alain Prost, Ayrton Senna o Nelson Piquet.

El piloto descubrió que debía iniciar el camino de la profesionalización del deporte. Lideró el cambio y supo generar condiciones para un nivel superior de competición. El automovilismo deportivo se potenció, las competiciones fueron más feroces y enérgicas, aunque también más seguras. El mundo reconoce hoy este aporte incalculable del piloto.

Y pudo lograrlo porque fue un apasionado de lo que hacía. Hay quienes opinan que nunca tuvo rivales de su nivel, y que jamás pudo rendir al máximo de sus posibilidades.

Lejos quedó aquel 21 de agosto de 1990, cuando en vísperas del Gran Premio de Bélgica de Fórmula 1 Michael Schumacher asombró en el test de Silverstone. Los patrocinadores comenzaron a llegar y, con ellos ,el dinero y la fama.

Coches de Schumacher

Con la retirada de Alain Prost y el fallecimiento de Ayrton Senna, Schumacher fue rey y señor de la Fórmula 1. En 1994 obtuvo su primer título de campeón, que revalidó otras seis veces en su vida.

Asociado con Ferrari, la combinación fue imparable; la marca elevaba su nivel y el piloto su precisión en el pilotaje. Durante las once temporadas que sirvió a Ferrari, desde 1996 a 2006, consiguió s72 victorias para la escudería. Fue el período de oro para la historia de la Fórmula 1 y para el alemán.

A los 50 años…

El 3 de enero cumplió 50 años. Desde su accidente no ha aparecido en público, y es poco lo que se ha logrado saber sobre su condición; su familia ha dispuesto reserva total con respecto a su estado.

En la víspera del cumpleaños, la familia emitió un comunicado en el que expresaba que el piloto está en las mejores manos. Nadie duda de que se está haciendo todo lo posible por ayudarlo. Sin embargo, los años transcurren y la ausencia de novedades invita a no pensar en buenos augurios.

Schumacher es un grande, por cierto. Esa  dualidad que lo caracterizó, y que tanto se critica propia de algunos perfeccionistas, no oscurece su genialidad. Ojalá esa magia, que acompañó al ‘kaiser’ en su tiempo triunfal, produzca el milagro que el mundo espera.